El último adiós del cura de los trabajadores
- Por Elizabeth Loyola Poblete

Una multitud de amigos, sacerdotes y autoridades despidieron con los ojos enrojecidos por la pena, al Padre Alfonso Baeza, incansable defensor de los más pobres y perseguidos.

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Pasado el mediodía, la Catedral metropolitana se fue llenando de miles de fieles que con flores, oración y pañuelos querían mostrar su cariño al sacerdote que fuera hermano, amigo y servidor. El Padre Alfonso Baeza, tras ser velado en su parroquia, Sagrado Corazón de Jesús de Alameda, fue recibido con profundas muestras de afecto en el principal templo capitalino.

La eucaristía de exequias fue presidida por el Arzobispo de Santiago, monseñor Ricardo Ezzati y concelebrada por los Obispos monseñor Ignacio Ducasse, monseñor Alejandro Goic, monseñor Alberto Jara, monseñor Juan Luis Ysern, monseñor Cristián Contreras y monseñor Pedro Ossandón, junto a vicarios y sacerdotes. Además asistieron autoridades del mundo político y social con los que trabajó arduamente el Padre Alfonso.

"Pequeñito de estatura pero grande en obras", fue como lo recordó en su homilía el Arzobispo de Santiago, quien destacó que “era un sacerdote que predicaba más con sus gestos que con sus palabras”. Y también recalcó que su vocación de servicio la heredó sin duda de su familia, en especial de sus padres.

“Ha fallecido un hermano muy querido, uno de los sacerdotes más queridos y respetados del Clero de Santiago, hacia quien sentimos una enorme deuda de afecto y gratitud. El Papa Francisco diría que era un ‘pastor con olor a oveja´”, indicó monseñor Ezzati, rescatando también su humildad, su simpatía, su estar atento a las necesidades de los otros y que vivió hasta el último día con las “botas puestas”, como él quería.

“En su vida Jesús y los pobres vivieron tomados de la mano, y él no la soltó jamás, convencido que quien no ama a sus hermanos a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. Así convivieron en su corazón el vecino de la población José María Caro, el fundador del MOAC, el primer Vicario de la Pastoral Obrera, con el cura silencioso que oraba en el pequeño oratorio de su casa, celebrando la misa diaria en su parroquia y rezando el oficio y el rosario, por tantas intenciones”, añadió.

Y agradeciendo su paso entre nosotros, el Arzobispo recordó que sus amigos le decían que tenía hechura antigua y adelantado a los tiempos. Agregando, además, que era “valiente en la defensa de los pobres y temerario en su acción por los más estigmatizados”.

Una pala, una estola sacerdotal, el libro de la pastoral social y la encíclica Laborem Exercens, junto al pan y el vino, fueron presentados en el momento de las ofrendas, como signo de su historia.

Por su parte, monseñor Jara, visiblemente conmovido, al finalizar la eucaristía le dedicó palabras de agradecimiento y de cariño.

El último adiós

Tras recibir la bendición final y que todos los presentes oraran por su eterno descanso, el ataúd del Padre Alfonso Baeza, comenzó a avanzar por el pasillo central de la Catedral, cargado por su familia y amigos más cercanos, mientras sus hermanos sacerdotes lo escoltaban.

Ante su paso, la multitud de fieles que repletaron el templo, lo despedían alzando pañuelos blancos, gritando fuerte “¡Alfonso, amigo, el pueblo está contigo!, aplaudiendo, con los ojos enrojecidos por el dolor de su perdida. Mientras su comunidad de la Parroquia Sagrado Corazón, provista de petos rojos y emulando su ejemplo, continuaban con su labor de servicio.

Posteriormente, el cortejo enfiló hacia la el Cementerio General, donde descansarán sus restos.

REVIVE LA EUCARISTÍA DE EXEQUIAS DEL PADRE ALFONSO BAEZA

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 07 de Diciembre, 2013
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