TESTIMONIO RELIGIOSA

"Él me llamó a vivir en comunidad..."

Soy la hermana Flor Berrú Díaz (país-Perú), pertenezco a la Congregación “CANONESAS DE LA CRUZ”,  estoy muy feliz  por el maravilloso regalo de nuestro Señor que me llama y me invita a ser parte de las vírgenes que consagran y le entregan su vida plenamente en CASTIDAD, POBREZA Y OBEDIENCIA.

Esta vocación a la que he sido llamada es algo que me trasciende, es don y gracia de Dios,  que  llena mi  vida de alegría, de paz y de felicidad. “No temas, porque yo te he redimido,  te he llamado por tu nombre, tú eres mío…” (Cfr. Is. 43,19). En esta forma y estilo de consagración encuentro mi dicha, mi lugar en este mundo; es Dios quien en su infinito amor, bondad y misericordia así  cómo lo hizo con  María, ha mirado la humildad de su esclava.

En mi familia soy la mayor de seis hermanos, para mis padres soy el fruto de su amor el  primero que consagraron y donaron a Dios; Porque mío es todo primogénito en los hijos de Israel….” (Núm. 8,17).  A mi familia le costó mucho desprenderse y acordarse de la ofrenda que hicieron a Dios cuando recién nací; al llegar el momento de ingresar a la Congregación, le ocasioné mucho dolor a mi madre, después de la pérdida de dos hermanos varones; el ingresar al convento, fue como perder un hijo más, según como ella me decía. El dolor pronto se transformó  en alegría al verme con el hábito en el noviciado y saber que era feliz. Mi madre  y toda mi familia se  sienten muy contentos y orgullosos de tener una hija religiosa. (Mi padre falleció el año 2008 en un repentino accidente de tránsito, a los 51 años de edad).

Como joven ideé un hermoso proyecto para mí, pero el Señor plantó sobre él su Cruz y me cautivó; no hay otro amor que llene mi corazón que el Amor de nuestro Señor Jesucristo. Él me llamó a vivir en comunidad, a ser parte de un grupo de mujeres, que toman la cruz de Cristo y dejándolo todo van tras sus huellas, expresando su entrega especialmente en la Catequesis y en la Liturgia. Esta Cruz gloriosa, ha marcado y sellado mi vida, como Canonesa de la Cruz pues como dice San Pablo: “nosotras predicamos a Cristo y a Éste Crucificado” (Cfr. 1Cor. 1,23).  Él, “que me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gál. 2,20). Por Él, con Él y en Él, todo lo sufro, todo lo espero, todo lo creo, todo lo soporto. (Cfr. 1Cor 13,7). Su amor traspasa mi pequeñez y mi nada, su amor lo llena todo, lo abarca todo en mí. Sin Dios, no soy nada. Él lo es TODO. Cada Canonesa de la Cruz hace de su vida un “TODO EN CRISTO”, lema que la venerable Madre Teresa de la Cruz nos dejó como herencia.

Actualmente vivo en Santiago-Chile; y es increíble, me admiro cada día, cómo Dios actúa calladamente, de manera muy delicada y sorprendente en mi vida de consagrada a través de muchas personas, situaciones, momentos y de miles de cosas. Dentro de la variada pastoral que he realizado siempre es más lo que he recibido que lo que doy. Cierta estoy como religiosa que no estamos solos, Dios va a nuestro lado…  Querido(a) Joven, religioso(a), sacerdote, y para quien lea este mensaje:

¡No tengáis miedo! ¡Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo!”

 (Homilía del papa Juan Pablo II en el comienzo de su pontificado)

"¡No tengáis miedo de mirarlo a Él!"

 (Beato Juan Pablo II, a los jóvenes chilenos en 1987)

"¡NO TENGÁIS MIEDO DE CRISTO! ÉL NO QUITA NADA, Y LO DA TODO"

 (Benedicto XVI en la misa de inicio oficial de su pontificado)

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