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- Hemos dicho que el encuentro con Cristo es una experiencia eje en la vida de las personas. A juzgar por los testimonios de quienes sabemos que han tenido esta experiencia, asumimos que aún manteniendo la esencia se da un gran cambio en la manera de concebir la vida, el mundo y la manera de estar en él. Por eso siempre es bueno revisarse y renovar la comprensión de cómo el Señor nos ha convertido en discípulos suyos.
- Pasado y futuro se despliegan desde un nuevo escenario donde todo tiene sentido. Por una parte la historia personal registra muchos recuerdos, situaciones, mediaciones, relaciones que llevaron nuestros pasos hasta la confesión explícita del Señor que habita en cada uno. Por otra, nuestros horizontes se abren a la felicidad eterna como herencia prometida por Dios a cada uno de nosotros, herederos en Cristo.
- El Encuentro con Jesús implica sobre todo hacer un ejercicio de toma de conciencia de aquel dinamismo divino latente en nuestro corazón desde siempre. Este paso ha sido ayudado por tantas experiencias de vida que nos han marcado la pauta: el testimonio de otros, celebraciones, situaciones críticas, etc. Pero es necesario reparar en la imagen de Jesús que presentan tales experiencias para hallarle contenido y consistencia en el Jesús de los Evangelios. De esta manera es la Palabra de Dios la que debe ocupar un lugar central. En la lectura orante de la Palabra descubrimos la verdadera profundidad de la existencia humana, pues despliega bellamente la sabiduría necesaria para vivir creativamente libres.
- El Evangelio es escuela de amor y de servicio. Nos presenta a Jesús como verdadero servidor de la esperanza que acompaña, sana, enseña y consuela a su pueblo errante. Su ministerio público fue tan contracultural como lo es ahora el servicio desprendido y valiente, un servicio transformador y misionero. Su manera de ver la realidad fue siempre pura y compasiva. Posee una particularidad que hace única la manera como sus seguidores nos situamos frente al mundo. Hay miradas fatalistas, interesadas o ingenuas. El cristiano tiene una mirada de fe y llena de cariño.
- Otro aspecto que distingue a quien decide seguir al Señor en su vida es la unión de dos experiencias entrañables: por un lado, vive el gozo de haber encontrado a Jesús y su alegría desbordante ya es en sí misma testimonial. Por otro lado, el asumir que este encuentro implica una vida complicada, no acomodaticia ni egocéntrica, una vida llamada a comprometerse en proyectos que exigen grandes y pequeños sacrificios. Gozo y sacrificio son dos rasgos distintivos de quien se ha encontrado con Jesús y se decide a seguirlo, sin detenerse.
- Este seguimiento es invitación a mirarse a si mismo valorando todo aquel potencial humano obtenido como un don de Dios para vivir, convivir y ser feliz. Este ejercicio es tremendamente necesario, de cara a los nuevos escenarios culturales, a las nuevas emergencias, a las nuevas injusticias, las nuevas dificultades sociales que afectan hoy dar testimonio cristiano. Por eso es de vital importancia comprometerse con nuevas cruzadas de fe, esperanza y amor, y estar dispuestos a renovar estilos y estructuras para facilitar que otros también se encuentren con el Señor.
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