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La solidaridad es una palabra de moda por estos tiempos. Ya sea por los efectos del terremoto, el frío invernal, o las lluvias que han dejado cientos de damnificados en el sur de nuestro país, despierta una oleada de iniciativas que quieren ir en ayuda de los más afectados por esas circunstancias. Sin embargo, la solidaridad bien entendida es muchísimo más que “circunstancias”. San Alberto Hurtado hizo de su vida una acción solidaria permanente, es decir, un acto total de amor y de entrega al prójimo, y eso tiene su raíz en una promesa hecha por Dios a toda la humanidad: su Reino.
Jesús nos llama a ser constructores de ese reino en nuestro país. Chile necesita de todos, especialmente de los jóvenes, para levantarse y para re-fundarse como un país más justo y con menos desigualdades. El compromiso de todos por vivir una solidaridad permanente, como estilo de vida, hará que Chile sea un país fraterno donde la promesa del reino no sea solo un sueño, sino una realidad.
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