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En un contexto marcado por la globalización, el Bicentenario y la catástrofe, que intensifica el cuestionamiento por el sentido de la vida, el anuncio del Reino hecho por Jesucristo nos interpela con mayor fuerza, ofreciendo un sentido que nos re-vincula con Dios, renovando y actualizando la alianza de amor. Este Reino es Banquete, Mesa para todos que nos enseña el camino de la fraternidad y solidaridad como un modo concreto de conversión, de cambio en el modo de ser y actuar en el mundo.
El banquete al que nos invita Jesucristo es abierto a todos, y por eso nos mueve a ser inclusivos, ecuménicos, a poner nuestra mirada precisamente en los que dejamos fuera y en los más vulnerables, sobre todo en los jóvenes. El Reino nos convoca en torno a la Mesa Eucarística y la del hogar, pues para reconstruir Chile física, social, y espiritualmente necesitamos cultivar la confianza y hacer de la patria una verdadera tierra de hermanos, donde se viva la alegría de un Reino de Dios que ya está en nosotros y en el mundo, y la esperanza de su plenitud al final de los tiempos.
El énfasis mariano que se le ha dado a este Encuentro de Oración surge del rol esencial de María en la llegada del Reino de Dios. María, una joven vulnerable en todos los aspectos, acoge la confianza que Dios pone en ella y se pone a disposición de la Voluntad del Padre, entrando en la dinámica del Reino y desencadenándolo al encarnarse Jesús en su vientre. Ella se vuelve así mediadora del Reino desde su singularidad y concreción, desde lo femenino de su ser que se realza al ser discípula y misionera ejemplar, al estar siempre atenta a las necesidades de sus hijos, con humildad, en silencio, solo diciendo la palabra justa para impulsar los signos del Reino, y al poner toda su confianza en un Dios al que conoce y ama, pues es sangre de su sangre, y vive en profunda comunión con Él. Seta es la imagen de María que nos muestra el relato de las Bodas de Caná.
Así mismo, María, la Madre, nos reúne en torno a la mesa, nos acerca al banquete y procura para todos lo necesario. Ella misma se hace Mesa que congrega y acoge. Es compañera de camino, mujer contemplativa que es capaz de descubrir los signos del Reino en lo cotidiano de la vida, y de poner al centro a Aquel que es capaz de transformarlo todo, sabiendo desaparecer de escena para dejarlo actuar.
El rol de María en Caná es el mismo que cumple el asesor con los jóvenes. Por eso, a través de una mirada profunda a la Madre de Jesús queremos favorecer un encuentro de profunda intimidad y cercanía con Dios para los asesores de la pastoral juvenil Dios. María misma los llama a entrar como ella en la dinámica del Reino, tanto en la Eucaristía como en la mesa fraterna, para que su rol se sustente en una fuerte alianza personal con Dios, de manera que sea también mediadores del Reino para promover en los jóvenes la confianza plena en el Señor, y el anhelo de ser constructores de este Reino de amor. En María se verifican las características que debe tener un asesor en su rol de mediador, de acompañante de la pastoral juvenil “que favorece la iniciativa de los jóvenes, despierta su creatividad, orienta sus búsquedas y los acompaña a crecer” (PPEJ p.67).
| Para la reflexión: |
| Pensando en el texto de las Bodas de Caná, ¿cómo está mi comunión con Jesucristo? ¿Me siento cerca de su corazón como para pedirle confiadamente por mis necesidades y las de los jóvenes que acompaño? |
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