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- Siempre que ha habido oportunidad para tratar la identidad y el rol de la asesoría de la Pastoral Juvenil, recurrimos a su significado etimológico para no perderse en el camino. La palabra asesor viene del latín “sedere ad” que significa “sentarse junto a”. Esta imagen de sentarse junto a alguien en muy sugerente, especialmente si se sirve al Señor, dando testimonio de su mensaje entre los jóvenes. Inmediatamente comprendemos la asesoría no como un cargo directivo respecto de los jóvenes, si no que se ajusta más a la experiencia del acompañante fiel, que siempre está como referente, como maestro en el caminar de los jóvenes.
- Sin embargo, acogiendo lo anterior, queremos proponer otra perspectiva para abordar la experiencia de la asesoría también desde su sentido original. Es decir, el asesor es quien, en primer lugar, se sienta al lado del Señor, haciéndose primero discípulo para luego ser maestro entre los jóvenes.
- La amistad con el Señor es punto de partida de toda evangelización. En Aparecida se sostiene que lo que nos define es “el amor recibido del Padre gracias a Jesucristo por la unción del Espíritu Santo” . No es lo que sabemos ni lo que hacemos, aunque estos dos aspectos forman parte de lo que somos, una totalidad, identidad que se configura en la relación amorosa con Dios y que se alimenta del encuentro con Jesús todos los días. Es así que tanto conocimiento como testimonio forman parte de nuestra identidad religiosa. Estar unido al amigo es lo que nos hace amigos. Se puede saber sobre una persona y actuar como ella, pero eso no nos hace necesariamente amigos de esa persona y no necesariamente son caminos para desarrollar una amistad con ella. Por otro lado, si somos amigos y de esa amistad brota una fascinación, brotará naturalmente el deseo de conocerle más profundamente y seguir su ejemplo en las acciones. Porque ser cristianos no pasa por “una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.
- Se suele diagnosticar que la religión es un aspecto de la vida que se expresa cada vez más en el ámbito privado de las personas. La fe en estos nuevos tiempos se está sosteniendo menos que antes en convicciones colectivas, evidentes y públicas, o en sentimientos religiosos generalizados previos a la experiencia y a la decisión personales. Por eso es interesante atender las palabras de K. Rahner: “El cristiano del futuro o será un «místico», es decir, una persona que ha «experimentado» algo, o no será cristiano”. Con el término místico no identificamos al sujeto de vivencias extraordinarias, sino al creyente que, en medio de la vida, reconoce y alimenta la experiencia personal de su fe.
- Los místicos no son súper héroes de la fe. Los fenómenos extraordinarios son irrelevantes y no esenciales para una auténtica vida mística de fe. “La oración más sencilla, la menor emoción estética, la más discreta pasión amorosa, la más tenue percepción de la verdad, el más tímido reto a la injusticia puede esbozar ecos y huellas, casi imperceptibles, que denotan y hacen referencia a Dios. Todos somos místicos en potencia y nos convertimos en tales desde el momento en que tomamos, de alguna manera, conciencia de Dios en nosotros, desde el momento en que ese contacto permanente y necesario entre Él y nosotros se convierte en encuentro, en abrazo, en comunión de vida”.
- El gran énfasis de la Misión Continental es renovar la espiritualidad de los cristianos aludiendo a sus experiencias de relación personal e inmediata con Dios para la vida de fe. Especial sintonía tiene estas experiencias con la necesidad de renovar esquemas y estructuras pastorales relacionadas con la educación de la fe de los bautizados, toda vez que tales propuestas se basan preferencialmente en los dinamismos racionales (la doctrina), éticos, prácticos (el compromiso) y de la pertenencia comunitaria (la eclesialidad) de la fe. Sin embargo no siempre se profundiza (o se da por supuesta) la experiencia de la unión con Dios (la mística). “El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama “mística”, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos… Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él…”.
- Solamente desde una lograda intimidad con el Señor se está en condiciones de aseverar que la existencia humana tiene algo muy fundamental que ver con Dios. Desarrollar esta amistad íntima con Jesús es lo que nos hace discípulos y míticos en la vida moderna. Sólo desde esta íntima amistad comprendemos la gran responsabilidad que tenemos por delante de cara al conocimiento profundo de la persona Jesús y a la gracia de darlo a conocer con nuestro testimonio de vida.
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