El estrés ha dejado de ser patrimonio y asunto de los adultos que, preocupados por cuestiones laborales o mal pasares económicos, sufren trastornos del sueño, problemas de salud y nervios de forma periódica.
De hecho, los jóvenes y también los niños pueden padecer estrés y aunque no siempre debe ser visto como un indicador negativo -en otras ocasiones y de forma medida suele ser un potente movilizador y canalizador de energías-, la preocupación de los especialistas gira en torno a que quienes lo padecen de manera crónica no registran que se olvidan cosas, actividades, tareas o que les cuesta concentrarse a causa de su agotamiento o excesiva presión.
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