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Claves para aprender a construir un futuro desde los pequeños fracasos
Lamentarse y encerrarse son algunas de las primeras reacciones que la mayoría de los jóvenes tiene cuando se enfrentan a un mal resultado en la PSU. Pero este tipo de actitudes son las que, si no se saben manejar, pueden resultar un obstáculo al momento de construir y avanzar. Expertas entregan algunas claves de cómo afrontar estas situaciones.
Tropezar, caer, alzar la cabeza, levantarse y continuar caminando. Estas acciones que suenan tan comunes, conforman, en cierto sentido, un ejercicio de aprendizaje que todos debiéramos extrapolar a nuestro diario vivir, pues sobreponerse es la clave para alcanzar objetivos y metas.
Esta reflexión debiera tener un especial significado para los jóvenes que están viviendo un periodo muy estresante, en el que están enfrentando grandes decisiones y se están jugando su futuro a través de la PSU, las postulaciones y la elección de una carrera.
Esta presión, que viene desde diferentes ámbitos -tanto del social, como del familiar-, la experimentan con especial énfasis los jóvenes que no han tenido un buen proceso de preparación para la PSU, quienes sienten que este peso recae sólo en ellos.
Esto, sumado a las altas expectativas que algunos jóvenes albergan -las que no siempre se condicen con su rendimiento académico y aptitudes-, puede exponerlos a vivir episodios de frustración, si no logran obtener los resultados esperados y si, además, no saben asumir con integridad la experiencia.
Para la sicóloga y docente de la Escuela de Psicología de la Universidad Mayor, Pilar Calderón, el éxito o el fracaso en ésta u otra instancia, se relaciona fuertemente con las expectativas -realistas o no-, tanto personales como de quienes nos rodean. “Si lo que yo genero es una sobreexpectativa en relación con mis capacidades reales y con los elementos del contexto adecuadamente considerados, la sensación de frustración es mayor y se conceptualiza como un fracaso personal, influyendo en la construcción de un concepto negativo de autoeficacia. En definitiva, la sensación de fracaso y su impacto posterior en el tema de la PSU se vincula con este proceso psicológico de manera directamente proporcional”, explica.
Según la profesional, conceptualizar como un fracaso un mal resultado en la PSU, es muy inadecuado y sicológicamente muy perjudicial y erróneo. “Más bien, lo que se debe hacer es evaluar los aspectos que se pueden mejorar, como por ejemplo, las estrategias que se utilizaron para la preparación previa, los hábitos de estudio, el manejo del ambiente, los tiempos destinados y la rigurosidad en la preparación, entre otros”, precisa Calderón.
Experiencia en este tipo de casos tiene la orientadora del Preuniversitario de la Esperanza Joven, Ivonne Riffo, institución que se ha dedicado a apoyar el ingreso a la universidad de jóvenes que, muchas veces, no cuentan con muchos recursos y que vienen de colegios que no les han proporcionado una buena preparación para la PSU.
Para la profesional, es fundamental en estos casos “revisar la meta”, es decir, revisar el objetivo y el proceso para llegar a éste. “Si al analizar cada uno de los factores que entran en juego en un mal resultado, y se van identificando falencias, malas estrategias, poca dedicación, u otro factor que pueda gatillar un magro desempeño, entonces ya no debemos hablar de un fracaso, sino de un resultado esperado”, dice la orientadora.
Por eso, señala que es importante que desde un principio cada joven tome conciencia de sus realidades, tanto académica como económica, y sea consciente, además, de sus competencias y aptitudes. “Es fundamental que el joven pueda tener una noción de hacia dónde van sus intereses vocacionales -dice la profesional-, “porque así se puede planificar mejor y proyectar una meta más realista. De esta forma, este concepto de ‘fracaso’ y la frustración que éste genera, se pueden minimizar en gran forma”, puntualiza Riffo.
La orientadora señala además que, si en este análisis del proceso los jóvenes se dan cuenta de que hay muchos factores que puede mejorar –como el tiempo dedicado, el acompañamiento, la información, etc.-, es una buena alternativa intentarlo nuevamente, eso si, con la convicción de superar cada uno los aspectos que son perfectibles.
MIRANDO HACIA ADELANTE La búsqueda de otros escenarios es una alternativa que puede ayudar a encontrar nuevo sentido a este periodo de decisiones. Las universidades privadas, los CFT, u otras instituciones que imparten diferentes carreras y oficios surgen como buenas opciones porque, entre mayor sea el abanico de posibilidades y más se circunscriba el mal resultado a una mala ejecución y no a sí mismo, es más probable que el estudiante se mantenga integro y con más recursos ante los desafíos que enfrenta.
Según Calderón, las herramientas para visualizar un mejor año en términos académicos, son básicamente la organización, la responsabilidad y el trabajo planificado, junto con la determinación de expectativas de logro realistas y contextualizadas. “Los padres deben participar en el proceso de replanteamiento de estrategias, acompañar y acoger, es importante que se enfrente la experiencia, tal como su nombre lo indica, como una experiencia perfectible de ser mejorada. Es aconsejable, además, poner el tema en la conversación familiar y examinar juntos posibilidades de mejora, ya que en muchos casos de jóvenes, la sensación de fracaso se relaciona con las expectativas familiares, más que las propias”, indica la sicóloga.
Asimismo, Ivonne Riffo agrega que es importante que los jóvenes tomen decisiones maduras e informadas, dándose el tiempo y la oportunidad para descubrir su propia vocación, además de tratar aprender de todo este proceso, que les va servir en cualquier etapa, ya sea al elegir una carrera profesional, al formar una familia o al crear una empresa. “Lo más importante es saber plantearse objetivos en forma informada, acompañada y con madurez, porque este aprendizaje es transversal y es útil para el crecimiento personal y profesional”, precisa la orientadora.
Por último, ambas profesionales coinciden en que el proceso PSU es altamente demandante, y que el periodo de verano es un buen momento para despejarse, relajarse y tomar nuevas energías para enfrentar la nueva etapa con la mejor disposición.
“NO HAY QUE BAJAR LOS BRAZOS” Natalia Belmar tiene 20 años, rindió la PSU en 2009 por segunda vez para optar a la universidad y poder estudiar lo que ella siempre ha querido que es Pedagogía en Lenguaje. Lamentablemente no le fue como ella quería, por lo que tuvo una decepción importante. “La noticia fue muy desalentadora para mi y en el momento sentí mucha tristeza y desánimo, porque esto no sólo es importante para mi, sino también para mi familia, por eso me costó mucho contárselo a mi mamá”, cuenta Natalia.
Esta joven sintió igual que muchos otros que obtuvieron malos resultados en este examen, pero tuvo la entereza para asumir que debía seguir adelante, porque, según expresa ella misma, aún no había perdido esta batalla. “Me di el tiempo para estar triste; estuve todo un día sintiéndome mal, pero luego me levanté y salí a caminar. Me fui al centro para recorrer las universidades privadas y los institutos y vi que había muchas carreras pero la mayoría eran muy caras y mi familia no podría pagarlas, pero aún así no me desanimé y me abrí a la posibilidad de entrar a un centro de formación técnica. Ahora ya estoy matriculada en uno y estudiaré bibliotecología, que es una carrera técnica que estaba también entre mis opciones”, relata.
Natalia dice que se siente contenta por las decisiones que tomó y que sabe que para tener éxito deberá esforzarse. “Uno no debe desanimarse porque las cosas no se acaban de esa forma; siempre hay opciones y alternativas. Además uno debe buscar sus propias maneras de levantarse, sus propias terapias. A mi me gusta la música y con ella me ayudo a no bajar los brazos”.
Si bien Natalia ya está construyendo su propio camino, concluye que la PSU es un sistema discriminatorio que no le gusta, porque no considera el potencial de los jóvenes.
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