Editorial

FORMACIÓN PARA LA LIBERTAD

Monseñor Cristián Roncagliolo. Vicario de la Esperanza Joven


Un rasgo propio y distintivo en la pedagogía de Jesús es la formación para la libertad. Los ejemplos en las Escrituras son diversos: cuando Jesús llama a sus discípulos y les da la libertad para seguirlo o no (cf. Lc 9, 23); cuando se encuentra con la mujer adúltera y no la juzga pero la invita a hacer el camino de la conversión (cf. Jn 8, 11); cuando sana al paralítico pero le exige que responda si quiere ser sanado (cf. Jn 5, 6), etc. Estos y otros hechos evidencian que la pedagogía de Jesús está al servicio de que la libertad de las personas madure, para que Su invitación la abracen con todo el corazón y con todas las fuerzas. El Señor quiere enseñar que la fuerza de la libertad hace posible el discipulado hasta el precio de entregar la vida.

De ahí que Jesús, cuando anuncia el Reino, pone el acento en mostrar cuan atractiva es su propuesta y cuan bienaventurados serán quienes la sigan. El Señor pone todo lo suyo para que quien lo conoce se ponga a caminar libremente hacia Su propuesta del Reino que ‘atrae’ y llena de sentido. En esta lógica, S.S. Francisco afirma que la Iglesia crece más “por atracción” (EG 14) que por proselitismo; y sugiere imágenes que expresen el modo cómo se manifiesta esa atracción: “compartiendo una alegría, señalando un horizonte bello y ofreciendo un banquete deseable” (EG 14).

Siguiendo la pedagogía de Jesús la pastoral juvenil –y toda pastoral de la Iglesia– ha de ser una escuela de vida donde se generan procesos de maduración de la libertad, de desarrollo integral personal y comunitario, y de cultivo de la auténtica autonomía (cf. AL 261), donde se haga evidente lo atractiva que es la propuesta cristiana. Así, la pastoral es el camino natural que la Iglesia ofrece para la maduración de la fe de los jóvenes, y que cumple la tarea de formar “libertades responsables, que opten por encrucijadas con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin recortes que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don inmenso” (AL 262).

Aprovecho esta instancia para proponer elementos que permitan educar a los jóvenes para discernir en libertad:

Un primer aspecto es la formación de la conciencia. Como señala el Vaticano II la conciencia es “el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de ella” (GS 16). En la medida en que somos capaces de comprender que necesitamos conocer nuestra fe, celebrarla, vivirla y anunciarla, la exigencia de una conciencia rectamente formada se vuelve condición de posibilidad para ser auténticamente cristiano. De ahí que nuestra pastoral ha de ser consistente, entregando la posibilidad profundizar en la fe, desde una formación catequética y testimonial que ilustre sobre los aspectos centrales para una vida cristiana sólidamente fundada que permita, incluso, vivir a ‘contracorriente’.

Un segundo aspecto refiere a formar a los jóvenes para que libremente vivan su fe y transparenten los lugares u organizaciones en la que ellos la viven. En efecto, quienes pertenezcan una organización de Iglesia han de sentir la libertad para estar o para no estar en ella, de tal forma que su compromiso sea vital y libre. Junto a ello, resulta indispensable desarrollar la transparencia, es decir, la capacidad de las personas a compartir con sus familias, seres queridos o con quien estime el camino de la fe que está madurando. Así favorece vivir la fe a ‘puertas abiertas’. Este también es un elemento esencial en el proceso de formación de jóvenes justamente porque su contrario –es decir el secretismo – siempre lleva a vivir en ‘verdades a medias’ –porque hay una realidad que se trata de ocultar–, confunde los horizontes de quienes se forman y genera ‘mundos paralelos’. Por lo mismo, considero altamente  desaconsejable que un joven participe en alguna organización –de cualquier especie– que promueva una pertenencia secreta, reservada o que no permita vivir con transparencia su militancia.

Un tercer elemento para formar en la libertad es reconocer el valor del error en el proceso formativo. En efecto, quien enseña a un joven madurar la fe y a ser protagonista de la misma, ha de estar dispuesto a acompañar incluso en el error, porque justamente ahí hay una oportunidad pedagógica muy valiosa y un espacio de crecimiento. Por lo mismo, la pastoral ha de ser un espacio que permite que quien madura en su fe se sienta cada vez con menos temor a equivocarse, convencido y movilizado por el mejor combustible del alma: la libertad.

Ciertamente hay otros elementos que debemos considerar en esta lógica de la maduración de la libertad. Pero, al menos los tres enunciados dejan abierta la puerta para ulteriores reflexiones en atención generar espacios adecuados para que el joven, cada vez más libremente, abrase con toda sus fuerzas la propuesta de Jesús y sea la Iglesia donde esté.

Invitamos a todos quienes son agentes pastorales, encargados de procesos de formación juvenil, o que estén preparándose para este hermoso ministerio, que maduren en su corazón estas claves; pues, a través de ellas, seguiremos el camino que nos ha enseñado Jesús… formar en y para la libertad.