Editorial

EL BUEN CRISTIANO ES TAMBIÉN UN BUEN CIUDADANO

Mons. Cristián Roncagliolo. Vicario para la Esperanza Joven

Como comunidad nacional nos aproximamos a las elecciones presidenciales y parlamentarias. En ellas se establece una bitácora país para los próximos años en la cual, quienes sean electos, concretarán las propuestas que han hecho para el bien común de Chile.

Este contexto nos hace reflexionar acerca de la importancia de ser ciudadanos electoralmente responsables. La enseñanza de la Iglesia exhorta a los ciudadanos a contribuir con la autoridad civil para el bien de la sociedad en un espíritu de verdad, justicia, solidaridad y libertad. El amor y el servicio de la patria forman parte del deber de gratitud y del orden de la caridad. Y ese deber, que es corresponsabilidad en el bien común, exigen moralmente el ejercicio del derecho al voto (cf. CIC 2239- 2240).

Teniendo conciencia de este deber, paradojalmente existe mucha apatía entre los jóvenes para acudir a las urnas. Las razones son muchas: porque no creen en los políticos, en la política o en los partidos; o porque no se sienten representados; o por rebeldía; o por falta de interés en la política. También la desilusión que deja la utopía insatisfecha o simplemente la comodidad debilitan la fuerza necesaria para ir a votar y manifestar una preferencia.

A pesar de estas y otras dificultades, no podemos soslayar que el futuro de Chile está en manos de los jóvenes, en sus estudios, en su vocación, en su vida laboral, en su innovación y en sus ideas; pero también lo está en su voto, el cual expresa la voluntad soberana sobre una materia y lo vincula al proceso país. No votar es una dejación con la sociedad y un claro signo de despreocupación por el bien común que exige nuestra atención.

Hecho el punto es bueno considerar que nuestra fe toca la vida cotidiana y por lo mismo ella interpela a la realidad. Por ello, es necesario efectuar una opción coherente con ella y los valores que la sustentan. Discernir responsablemente integra elementos claves como la fe, la realidad del país, la caridad, el respeto al bien común, el cuidado de la familia y de la dignidad de las personas en todo el arco de su vida.

No podemos soslayar que muy difícilmente se puede encontrar el pensamiento cristiano en una misma opción política, tal como se expresa en la Doctrina Social de la Iglesia: “el cristiano no puede encontrar un partido político que responda plenamente a las exigencias éticas que nacen de la fe y de la pertenencia a la Iglesia: su adhesión a una formación política no será nunca ideológica, sino siempre crítica, a fin de que el partido y su proyecto político resulten estimulados a realizar formas cada vez más atentas a lograr el bien común, incluido el fin espiritual del hombre” (CDSI 573)

No es nuestra tarea decir cuál es la opción correcta, sino más bien dejar claro que es correcto tener una opción y que la enseñanza social de la Iglesia nos proporciona elementos para formar la conciencia y discernir. El compendio de Doctrina Social de la Iglesia, a este respecto, ofrece una guía de discernimiento (cf. 570 CDSI) que puede ser de gran orientación para momentos como el que estamos prontos a vivir en Chile.

Nuestro deber como seguidores de Jesucristo es responder a la misión profética de ser constructores del Reino porque sabemos que una sociedad fundada en el Evangelio es un bien para todos. Por lo mismo, formarnos adecuadamente e informarnos ayudará a tomar decisiones responsables.   

Los animo a informarse bien, a votar en conciencia y a comprometerse responsablemente con el futuro del país, porque el buen cristiano no es sólo aquel que cumple todos los mandamientos, que asiste a la eucaristía, que celebra los sacramentos, que opta por los pobres, que va a misiones o a trabajos voluntarios; sino que el buen cristiano también es aquel que se juega la vida y participa construyendo, con sus valores una sociedad conforme al Evangelio.