Dos nuevos santos para la Iglesia

El próximo 27 de abril serán canonizados en Roma por el Papa Francisco dos pontífices que dejaron huella no sólo entre los católicos: Juan XXIII y Juan Pablo II.

En el recuerdo está la imagen de miles de feligreses, en la Plaza de San Pedro durante el funeral del Papa Juan Pablo II, que pedían espontáneamente “¡santo ya!”. Han pasado 9 años, un tiempo corto si de canonizaciones se trata, y el clamor se hará realidad.

Para que Karol Wojtyla llegara a ser Santo se ha llevado a cabo un riguroso proceso. Se inició al poco tiempo de su muerte en 2005, cuando el Papa Benedicto XVI eliminó una norma que establecía esperar cinco años. Se ha cumplido en todas las etapas, incluidas la verificación del primer milagro para proclamarlo beato y un segundo para canonizarlo: la cura de una religiosa francesa que tenía parkinson, que se encomendó a él al poco tiempo de su muerte y quien se recuperó inexplicablemente.

En el caso de Juan XXIII, cuyo nombre original fue Angelo Roncalli, el proceso se inició en 1965 y fue beatificado en el año 2000 por Juan Pablo II. En el 2013 el Papa Francisco anunció que lo proclamaría santo sin esperar un segundo milagro, ya que no cabía duda de sus virtudes heroicas.

Para monseñor Héctor Gallardo, Vicario General de Pastoral, quien participó en la organización de la venida a Chile de Juan Pablo II, es muy significativo que ambos pontífices sean canonizados. “Juan XXIII impulsó y convocó el Concilio Vaticano II, y Juan Pablo II invitó a que la Iglesia viviera, caminara y fuera peregrina en este mundo con la brújula de ese concilio. El que sean proclamados santos me parece un signo de los tiempos, porque Juan XXIII nos llama a ser bondadosos, a la misericordia, y Juan Pablo II nos invita a vivir la fe desde la audacia”, dice el vicario.

La santidad en el mundo actual

Para el sacerdote Rafael Domínguez, vicepostulador de la causa de beatificación del padre Esteban Gumucio, “lo más importante en los santos y las santas no son tanto sus ideas, sino que su vivencia del amor a Dios a la humanidad y a la creación”.

En su opinión, las canonizaciones tienen más bien un sentido pastoral para los creyentes. “Reconocer a una persona como santa, es decir que está gozando de la gloria del Señor y que su vida es modelo para los que estamos aquí peregrinando hacia el Reino de Dios. Por lo mismo, tiene el sentido de revitalizar nuestra esperanza y nuestra vivencia de la fe”, asegura.

Monseñor Héctor Galllardo concuerda en que son un ejemplo a seguir. “La vocación de todo cristiano es la santidad. Ese es el trabajo personal de cada uno de nosotros, hacer crecer en nuestra vida la presencia de Dios. Es hacer extraordinariamente bien las cosas ordinarias de cada día. La santidad se construye momento a momento, es la forma cómo yo hago mi trabajo, bien, con amor. El santo es un mujer y hombre que ha vivido de esa manera por amor a Jesucristo y a sus hermanos. Si vemos el mundo de los santos, hay de todo: jóvenes, estudiantes, mamás, trabajadores, políticos, porque la santidad se construye en lo concreto”, indica.

Dos Papas que hicieron historia

Tanto Juan XXIII como Juan Pablo II dejaron huella hasta nuestros días. El primero, llamado popularmente el “Papa Bueno”, fue un reformador. Convocó al Concilio Vaticano II, iniciado en 1962, que impulsó una apertura de la Iglesia al mundo y su renovación para responder a los nuevos desafíos del mundo moderno.

Promovió el diálogo y el acercamiento con otras religiones, y la paz en pleno período de la guerra fría, cuando existía una fuerte tensión y la amenaza de un conflicto bélico entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Es así como en 1963 publicó la Encíclica Pacem in Terris, donde afirmó que la paz entre los pueblos se funda en la verdad, la justicia, el amor y la libertad. En ella hizo un llamado a los países y a quienes tenían el poder a trabajar por una paz duradera. Su mensaje mantiene plena vigencia en la actualidad.

Juan Pablo II, de origen polaco, en 1978 se transformó en el primer Papa no italiano en 455 años. Su pontificado fue el tercero más largo en la historia al durar 26 años. Coincide con Juan XXIII en su interés por favorecer el acercamiento entre católicos y judíos y el diálogo con otras religiones cristianas y no cristianas, como la tibetana y musulmana.

Condujo a la Iglesia hacia el tercer milenio. Se destacó por ser un Papa peregrino que llevó a Jesús a distintas partes del mundo, incluido Chile, en sus 250 viajes. También creó las jornadas mundiales de la juventud que se realizan hasta hoy, promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica a la luz del Concilio Vaticano II, y en el año 2000 encabezó la celebración del Gran Jubileo de la Iglesia.

Fuente: Periódico Encuentro
www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 24 de Abril, 2014
Galerías Fotográficas