Acólitos de Santiago reflexionan sobre la intercesión de María junto a monseñor Ezzati

El Arzobispo de Santiago presidió la misa en el Santuario Nacional de Maipú, punto central del encuentro de esta Pastoral que forma y acompaña a quienes apoyan a los sacerdotes en el servicio del altar.

Algunos no sobrepasan el metro treinta de estatura, ni su edad alcanza los dos dígitos, pero ingresan al templo junto a los sacerdotes, visten similares a ellos, y durante las celebraciones litúrgicas están sobre el presbiterio sirviendo al altar. Los acólitos no necesariamente son niños, pero la mayoría inicia muy pequeño este servicio, y su convicción es sorprendente, pese a la edad. Carlos, de apenas 9 años, nos dice: "Estar en el altar es amor, amor a Jesús. Y así, los ejemplos de quienes entrevistamos dan cuenta de una profunda entrega.

Más de un centenar de ellos, provenientes distintas comunidades de la Arquidiócesis, llegó hasta el Colegio Carolina Llona para juntarse y reflexionar en un encuentro anual que ya se ha hecho tradicional. Al mediodía, salieron en procesión desde el establecimiento rumbo al Santuario Nacional de Maipú para celebrar la Eucaristía junto al Arzobispo de Santiago.

Algunos iban junto a sus padres, y todos con la compañía de un grupo de seminaristas del Propedéutico (primer año de formación rumbo al sacerdocio). Así caminaron las cuadras que separan el colegio con el templo, luciendo sus albas y atrayendo la mirada de las personas en la calle. Ya en el templo, celebraron al Señor en la eucaristía y se dispusieron a escuchar atentos las palabras de monseñor Ricardo Ezzati.

Durante su homilía, el Pastor de la Iglesia de Santiago, les dijo: "Ustedes, acólitos, son verdaderos apóstoles que indican a la gente que los ve al rededor del altar, que aquí está la fuente de la vida. Que aquí está el Señor que transforma nuestra agua pobre, en un vino generoso".

Las palabras del Arzobispo de Santiago hacían referencia a las bodas de Caná, texto extraído del Evangelio de San Juan y proclamado durante la celebración. En él, la Virgen María se percata de la falta de vino durante una fiesta de matrimonio y se lo hace saber a Jesús. "Cuando nos falta el vino de la fe, el vino del amor a Dios - expresó monseñor Ezzati - María interviene en nuestra vida, para recobrar la felicidad, la esperanza: hagan lo que él les diga, nos dice". Y si lo hacemos - prosiguió- podemos ver que con tinajas vacías el Señor puede convertir el agua en un vino bueno. No tengamos miedo de presentarnos ante el Señor con nuestras vasijas vacías. Allí brotará el gozo de ser hijos del Dios y de pertenecer a la Iglesia", expresó.

"Queridos acólitos, les dijo monseñor Ezzati a los presentes, pidámosle a María que ella tenga los ojos abiertos sobre nuestras vidas, para que vea cuando nos falta el vino de la fe, del amor, de la esperanza; que nos invite siempre a hacer lo que Jesús nos enseña", concluyó.

Una pastoral de servicio y vocación

El presbítero Mauricio Labarca es el asesor de la Pastoral de Acólitos de la Arquidiócesis. Nos cuenta que en las comunidades y colegios hay muchos grupos de distintas edades y con distintos carismas, y que la función de la pastoral es guiarlos hacia el encuentro con Jesús y formarlos para ese encuentro, "de modo que cada acólito y acólita, cuando sean adultos, puedan asumir el rol de constructores del reino de Dios", manifiesta.

El padre Mauricio continúa revelando que la idea es que "como Arquidiócesis hagamos juntos el mismo proceso de seguimiento de Jesús. Nuestro Arzobispo nos ha pedido también que esta pastoral tenga un especial énfasis vocacional", concluye.

Una tarea que muchas familias apoyan. Inelia Acevedo acompañó al encuentro a su nieto Matías. "Esto es lo mejor", nos dice. Agrega que en el servicio al altar los niños van discerniendo su vocación, hacen amigos y se acercan de un modo muy especial a Dios. No fue ella quien motivó a su nieto. Al revés, fue Matías quien invitado por un amigo decidió participar.

Algunos testimonios

Iván Vergara:

"Es una actividad hermosa, nosotros servimos a Dios y tenemos un compromiso con él. Estaba en catequesis, fuimos a una misa y pregunté si podía ayudar. Ahí me dijeron que existía la pastoral en mi parroquia".

Matías Córdova:

"Algunos amigos se ríen cuando nos ven en el altar, pero yo les digo que estoy ayudando a Dios y es algo bueno. Nunca sentiría vergüenza".

Benjamín Maturana:

"Mi hermano mayor me motivó. Tenía un poco de curiosidad sobre lo que él estaba haciendo. Él fue como mi guía. Hoy yo también estoy al servicio de Dios".

Constanza Fuentes:

"Yo quería ofrecer todo de mi, y quise ser acólita. Todos mis amigos me apoyan".

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago
www.iglesiadesantiago.cl



Santiago, 09 de Noviembre, 2013
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