Cárcel de Colina II recibió la visita de la Cruz de Chile Misionera
- Por Sebastián Gallegos Sánchez

Una veintena de jóvenes de la Zona Norte compartió con un grupo de privados de libertad. En compañía del vicario Rafael Hernández y el padre Rafael Ramírez, capellán de la cárcel, el encuentro en el Módulo 10 fue un intercambio de testimonios, esperanzas y hasta música a cargo del grupo Esfuerzo Tropikal.

La historia narra que durante la madrugada del 2 de agosto de 1218, a San Pedro Nolasco se le apareció la Virgen pidiéndole que fundara una orden que se dedicara a la redención de los cautivos.

Ese es el modelo de santidad escogido para el mes de octubre, durante la peregrinación de la Cruz de Chile Misionera, bajo el lema: “Estuve preso y me fuiste a ver” (Mt 25, 36). Y es lo que emuló una veintena de jóvenes de la Zona Norte. Acompañados por el vicario episcopal, Pbro. Rafael Hernández, y el padre Rafael Ramírez, la mañana del sábado 12 de octubre, trasladaron el símbolo de la Misión Joven al Módulo 10 del Centro de Cumplimiento Penitenciario Colina II.

Pedro Ortíz, secretario ejecutivo de la Pastoral Juvenil de la Zona Norte, explicó que “en el contexto del peregrinar de la Cruz Misionera por toda la arquidiócesis de Santiago, se nos ha encomendado tener especial preocupación por los hermanos privados de libertad, así que por eso estamos acá con un grupo de chiquillos de distintas parroquias de la zona para hacer eco a esta misión y llevar la Cruz a los lugares de dolor y tristeza de nuestro país”, expresó sobre la visita en que también llevaron de regalo algunos artículos de aseo y un pequeño picoteo.

“Aquí hay gente condenada por todos los delitos que se puedan imaginar —expresó el padre Rafael Ramírez, capellán del penal, antes de pasar por los diversas controles de seguridad exigidos por Gendarmería para el ingreso—, gente que está con condenas largas e incluso perpetuas. Aquí hay mucha juventud, la mayoría de ellos con escasa evangelización, es decir, uno lee un texto bíblico que para nosotros es conocidísimo, como el Hijo Pródigo, por ejemplo, y son muy pocos los que lo han oído alguna vez. Pero tienen una religiosidad natural y son respetuosos con la gente de la pastoral. Una vez a la semana tenemos una Eucaristía a la cual están todos invitados. Y hay una pastoral que se junta con un grupo de internos los días lunes. Es un grupo pequeño pero están súper entusiasmados”. Y agregó: “La población penal está organizada en módulos con casi doscientos hombres, y cada módulo tiene un patio, ahí vamos a estar nosotros”.

Tiempo de crecimiento

En el centro del Módulo 10 —de reinserción por buena conducta—, una docena de reos aguardaban la visita. Un toldo cubriendo un altar y unas bancas a modo de capilla improvisada servirían para establecer el diálogo y protegerse del sol, que a esa hora tostaba las pieles. La guitarra y el canto de “El apóstol” daban la pauta para la misión, “seguir al Señor donde vaya, anunciar con gozo el Evangelio”.

Cuántas historias, cuántos dolores y alegrías se adivinaban detrás de ese puñado de palabras que durante menos de una hora pudieron intercambiar. Historias de esfuerzo, de crecimiento y reinserción gracias a la música, el deporte o el trabajo en madera y cuero. El "mural de las siete tazas”, como le dicen entre risas los internos, y el lema “Con sabiduría y convicción todos juntos a la reinserción”, coronaban la escena.

El vicario, Pbro. Rafael Hernández, profirió palabras de esperanza: “Queremos decirles que nosotros no olvidamos a los que están en la cárcel, que están siempre presentes en las oraciones de nuestras comunidades. Quisiéramos que esta conciencia creciera y que estos fueran centros de humanización, donde se respete la dignidad y los derechos de todos, de modo que todos pudieran reinsertarse, ser ciudadanos y vivir de su propio esfuerzo y trabajo”.

“Pidámosle al Señor que nos acompañe y nos ayude a abrir el corazón, para que este sea un tiempo de mucho crecimiento, porque Dios sabe sacar cosas buenas de los momentos malos. Y que así sean hombres nuevos, dispuestos a formar familias, proyectos y trabajos”, agregó.

Fue el momento para la sorpresa que los integrantes del Taller Cultural del Módulo 10 tenían preparada. El grupo Esfuerzo Tropikal quiso mostrar algo del material que actualmente recopilan en un Demo. Cumbias de tan buena factura que, de no ser por la rigidez del horario dispuesto por Gendarmería, pudieron transformar la visita pastoral en fiesta bailable.

Acto seguido, misioneros e internos procedieron a intercambiar regalos. Pequeñas réplicas de la Cruz Misionera dejaron esperanza en la cárcel. Cruces de madera hechas con pericia salieron con su testimonio a la Zona Norte.

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago.
www.iglesiadesantiago.cl
Santiago, 13 de Octubre, 2013
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